sábado, 25 de marzo de 2017

La regla del peluquero



Cuando termina de repasar para el examen del lunes de biología, Daniel me pide que lo acompañe a cortarse el pelo. El peluquero está libre, así que no tenemos que esperar. Por detrás lo quiere al tres, por arriba más corto y el flequillo, el flequillo, como lo vaya viendo, decide sobre la marcha. El pelo del peluquero me recuerda al de Marcelo. Coge el peine con tres dedos de la mano izquierda, como si fuera una regla, y con la derecha va dando retoques. Con esos ajustes, Daniel ve cómo su pelo recupera el orden, como si éste fuera el paso lógico después de haber hecho lo mismo en su cabeza con el tema del examen.

sábado, 18 de febrero de 2017

Los estratos del frutero



Hoy los kiwis están a 1,99 € el kilo en Mercadona. Según señala la etiqueta de la máquina, me he llevado 1.505 kilos. Me gusta la precisión de los datos y el recuadro en el que aparece el importe final : 2.99 €. La semana pasada el kilo estaba a 2.59 €. Lo sé porque los dos últimos kiwis de los que compré seguían en el frutero dentro de su bolsa, que conservaba la etiqueta. De forma instintiva, al ver que fueron más caros, los coloco por encima de los recién comprados aunque no los note más maduros

miércoles, 18 de enero de 2017

El mundo vuelve a intentarlo



"Mucho frío. Dos prostitutas negras charlan en Montera a una hora en la que muchas cafeterías no han abierto. A pocos metros, una chica friega el suelo del Dunkin' Coffee como si borrara una pintada de su pasado. El vendedor de pañuelos de papel ya está en su sitio. Hasta él llega la luz del quiosco, que se esparce como la de un fuego tranquilo alimentado por palabras: el mundo vuelve a intentarlo en la forma ordenada con la que se disponen los periódicos."

martes, 22 de noviembre de 2016

La invulnerabilidad de Bale



Cuando hago la fotografía por la mañana, el hombre con la carretilla que camina justo por debajo de la imagen de Bale de la tienda de Adidas (podría haber sido la de Marcelo o la de James) es solo una coincidencia. Unas horas más tarde, en el momento en el que Bale se retira lesionado en el minuto 57 del partido contra el Sporting de Lisboa, la coincidencia se convierte en una señal.

Le puede llevar dos meses recuperarse de la operación de la luxación traumática de los tendones de su tobillo derecho. Durante todo ese tiempo pasaré por delante de la tienda para ver los vídeos que pasan de él en varias pantallas. No jugará contra el Barça, ni contra el Dortmund, ni lo hará en Japón, pero yo podré detenerme para disfrutar de esas imágenes en las que, elevado por la estética de la publicidad, se encuentra en esa zona a la que nunca podrán llegan los tacos de Coates.

sábado, 18 de junio de 2016

Osos o neones



Osos o neones : “Me gustaría deslizarme sobre unas raquetas en el Oeste canadiense, como Graham Boer, el buscador de oro, el héroe de mi artículo, clavar las estacas y balizar los árboles con un hache en valles helados. ¿Tendrá mujer e hijos ese Boer? Un tipo que se enfrenta al grizzly y a temperaturas de menos treinta grados no se muere de asco en un supermercado a la hora en que todo el mundo hace la compra. ¿Acaso es ése el lugar de un hombre? ¿Puede alguien circular por estos pasillos llenos de neones y de packs, sin ceder al desaliento?” 

Recuerdo el párrafo de la escena que abre “Felices los felices”, de Yasmina Reza. Parece que la elección tuviera que ser entre osos o neones, pero yo tengo en la lista de hoy varios artículos escritos por Lucía. Me gusta su letra. Prácticamente toda la comunicación escrita que me llega de ella es a través de Whatsapp, así que agradezco que gracias a la compra tenga este mensaje a mano dirigido a mí, aunque sea aséptico. No me importa. Me pone de buen humor seguir sus indicaciones como si, una vez completadas, fuera a tener un premio sorpresa.

miércoles, 1 de junio de 2016

Lágrimas de futbolista



Lágrimas de futbolista : Los chicos del peto amarillo tratan de seguir las indicaciones de un entrenador que no deja de gritarles cómo hay que proteger el balón. Me parece bien que se les enseñe las reglas. Me parece mal que se lo tomen tan en serio. No sería un entrenador muy de fiar yo. Hoy me habría dedicado a ensayar con ellos los penaltis después de ver cómo se decidió el ganador de la última Copa de Europa. Quizás a estas edades haya que hacerles creer que uno posee el suficiente talento, la suficiente fuerza, el suficiente amor propio como para no tener que llegar nunca a la prórroga y, menos aún, a los penaltis. Aún así, los practicaríamos y, después, representaríamos la parte de las lágrimas. Las lágrimas, chicos, tienen que ser más grandes que aquellas de quienes os han visto perder. Ensayaríamos las lágrimas y las posturas de la desolación. Todos tumbados en el suelo, o arrodillados, o caminando con la cara entre las manos. 

miércoles, 25 de mayo de 2016

El rancho de los elefantes



El rancho de los elefantes : Los maniquíes, detrás de las cierres de los escaparates, tienen hambre. Entre ayer y hoy han adelgazado un poco. Basta con prestar un poco de atención para ver cómo reaccionan cuando llegan los primeros camiones cargados de mercancía, que avanzan despacio por la calle, esperando que se aparte el ciclista, el abuelo que lleva de la mano a la nieta, el vendedor negro de kleenex que saluda en inglés a un conocido de traje y corbata, la chica que corre como si tuviera un precipicio a ambos lados, el tipo con gafas de sol que parece desorientado por la luz, yo. Los camiones se van parando y empiezan a entregar las cajas de ropa por debajo de los cierres metálicos, sin cuidado, como si alimentaran a los elefantes.